En la arista nordeste

 Nanda Devi Unsoeld
 
Do not stand at my grave and weep,
I am not there; I do not sleep.
I am a thousand winds that blow,
I am the diamond glints on snow…


(M.E. Frye)

***

Todo ha salido mal.

Quizá los reguladores nunca funcionaron bien, y sólo nos dimos cuenta cuando era ya demasiado tarde, adentrados en la Banda Amarilla; o quizá el frío extremo de aquel día los inutilizó. El caso es que los reguladores estuvieron dándonos más oxígeno del previsto y se agotaron antes. Y quizá por eso progresábamos con tan buen ritmo por la arista nordeste, hasta que sobrepasamos el Primer Escalón. Entonces todo se torció. Una fatiga indescriptible, una parada después de cada paso, un horrible dolor de cabeza, alucinaciones, el pensamiento paralizado, las palabras que tardan en llegar, «tenemos que regresar, tenemos que regresar», repitiéndolo una y otra vez, y sin embargo, sigo subiendo por la afilada cornisa hacia el Segundo Escalón, por el delgado saliente de nieve helada donde hasta los crampones resbalan.

Compruebo sin sorpresa que mis compañeros de cordada ya no van conmigo. El día sigue siendo claro, con muy buena visibilidad, aunque el viento sube rugiendo por la ladera sur y el sol está demasiado cerca del horizonte. Y entonces, de pronto, por alguna razón, algo más de oxígeno me llega al cerebro y me doy cuenta.

Todo es mentira.

No estoy progresando por la arista. Realmente estoy sentado en una oquedad, de espaldas a la cumbre, metido en lo que parece una zanja formada por una placa de piedra a mi derecha que me protege del viento y una pared de hielo a mi izquierda que me separa de la pendiente norte por donde cayó Mallory, la gran cárcava que termina en un embudo de roca donde dicen que están amontonados los cuerpos de todos los que han caído por la cara norte. Cadáveres conservados por el frío, jirones de tejido deshecho por el viento, botellas de oxígeno vacías…

Mis compañeros han desaparecido. El aullido del viento hace inútil intentar llamarles. Mi refugio parece realmente un ataud. Y estoy allí dentro sentado. Y no sé cuánto tiempo llevo hablando solo, enredado en mis propios sueños

Ya es demasiado tarde, casi no hay luz y ya no van a salir del campamento VI todos esos pálidos guerreros, pálidos como la muerte todos ellos, dame una tumba, Nanda Devi, tú que sabes cómo morir junto al cielo, creo que tenía una botella extra de oxígeno, tú que sabes cómo se hace, tengo miedo, un lecho en el hielo, donde descansar un poco, dormir un poco, sólo unos momentos, mis manos, mis manos, Nanda Devi, dame una tumba de hielo donde morir, morir de frío, la muerte más dulce…