Soledad


El domingo, con el sol ya oculto, intento entrar en Sevilla atravesando una congestión de tráfico, procedente de la autovía de Huelva.

Una asignación de trabajo en verano y en Sevilla puede ser como trabajar en las minas que aparecen en las películas de romanos, egipcios etc. La diferencia es que trabajar con computadoras corporativas requiere un ambiente de no más de 22 grados. Así que me cuelo en la sala de máquinas, me siento ante la consola y finjo que estoy comprobando algo mientras leo a Alan Watts.

Pero los fines de semana no hay refugio. Cojo el coche y me voy a Huelva, donde la temperatura baja algunos grados, y tengo la presencia del mar y la memoria de Tartessos. Y también la presencia de la mitad de la población sevillana que va por allí. Aunque éstos se dirigen mayormente a Punta Umbría, mientras que yo me desvío a El Rompido, más desolado y adecuado a mi estilo. Viajo solo: «he travels fastest who travels alone».

Y de regreso, ya entrando en Sevilla, el desastre. Dos coches delante mío atropellan a un gatito. Es un gato pequeño, como de cuatro o cinco meses. Los dos coches le golpean con los bajos. Mi reacción es tan impensada que yo mismo me asusto. Meto el coche en el arcén y luego por un camino lateral. Regreso a la autovía, detengo el tráfico (que estaba ya prácticamente detenido), cojo el gatito con cuidado y lo llevo hasta mi coche. Con la luz de las farolas de la autovía (el sol es ya sólo una línea turquesa en el horizonte) compruebo que el animal tiene al menos un golpe en la cabeza, pero el cuerpo parece intacto. El hecho de que sangre por los oídos me parece un mal síntoma, así como las convulsiones que indican una conmoción cerebral.

Me quedo junto al gatito, que respira con dificultad, como tosiendo. Sé que va a morir, que no le queda mucho. Y pienso que nadie, animal o persona debería nunca morir en soledad. Es por eso que me quedo con él, pasándole la mano suavemente por el lomo. Ignoro si en su inconsciencia nota la presencia de un ser humano a su lado. Le digo: Ánimo, esto no durará mucho, prometo que me quedaré contigo hasta el final. Y así lo hago.

Dos manchas de sangre que nunca he logrado limpiar del todo, permanecen en mis zapatillas de tenis blancas, unas viejas Spring Court raídas que conservo después de los años, sin saber por qué, como un tesoro precioso.

Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night…

10 comentarios:

  1. Al menos ibas solo. Evitando así los comentarios típicos que recibimos los que tenemos esos y comportamientos similares. Tuvo 'suerte', (dentro de su triste sino) ese gatito de tropezarse con alguien como tú, para su último tránsito.

    Pero no estoy tan segura, en cuanto a si es mejor morir en soledad o en compañía... Quizás el secreto esté en poder escoger. No sé.

    Me encanta esa sonata.

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    1. La afinidad con los animales es algo genético. Hay quien lo tiene, y quien no, como el gusto por la música o por las artes visuales. La faz redonda de un gato es lo primero que vi cuando abrí los ojos al nacer. Quizá eso lo explica todo.

      Es mejor morir en soledad sólo si es una muerte deliberada.

      Y esa sonata, ya la había oído muchas veces antes de nacer. Por eso gato y sonata van juntos, entrelazados.

      Saludos Cristal, un placer tu visita.

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  2. Me parece un gesto arriesgado y maravilloso el que tuviste, y quiero pensar que el gatito sintió tu mano y de algún modo lo agradeció.
    Gracias por esta historia que me ha conmovido y me ha emocionado.

    PD: si vuelves por aquí abajo, a lo mejor te apetecería pasar por Málaga, que también tenemos playa y temperaturas más llevaderas.

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    1. Angeles, bienvenida, como siempre.

      En mi época itinerante —hace ya algún tiempo— pasé también por Málaga. He trabajado en Ronda —y vivido en el hotel Reina Victoria, con Rilke mirando a El Tajo— y en Antequera de la que no olvido sus fabulosos megalitos. Y la playa de Málaga y el pescaíto; y la tumba fenicia de Trayamar; y la basílica paleocristiana de Vega de Mar; y la iglesia mozárabe de Bobastro; y el Chorro y el Caminito del Rey… Sí, creo que debería regresar a Málaga (¿Por qué pensaba yo que eras granaína?).

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  3. Vaya, veo que conoces estos andurriales mejor que yo (¿granaína? why?

    Saludos, y gracias por el terrorífico vídeo.

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    1. > ¿granaína? why?

      Creo que es un entrelazamiento en mi cabeza con Azote Ortográfico, que vivó en Granada, aunque tampoco era de allí.

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  4. Una de tus lectoras, que juega con el viento y las palabras, me recomendó que pasara a leer este texto, y he de decir que me ha conmovido. Y las veces que lo he releído me ha vuelto a emocionar. Esa imagen del gato muriendo en tus manos, porque decidiste no dejarle solo, es preciosa. La imagen y el gesto, claro.

    Te felicito por todo ello.

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    1. Gracias JR.

      Los recuerdos duran mientras dure nuestra mente y desaparecen cuando lo hacemos nosotros, al igual que la memoria de nuestro PC se extingue al apagarlo. Poner esos recuerdos por escrito es un modo de salvarlos en un soporte externo. Todo olvido, toda pérdida de información es un incremento de entropía. Por eso, la literatura es sólo un recurso desesperado por retrasar la muerte térmica del universo.

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  5. La lluvia encierra tristeza por eso inspira a poetas. Una pena esa lluvia regalando sonrisas mientras se traga las lágrimas ( parece mágica). Con lo cruel que ha sido el mundo con ella y ella creería en la justicia poética y todo

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    1. Tengo la impresión de que este comentario corresponde a otro post, incluso a otro blog. ¿Es así?

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